Los aromas y las esencias forman parte de nuestro pasado, presente y futuro

Desde que nacemos millones de partículas de aromas fluyen a nuestro alrededor, bañan todo nuestro ambiente y arropan nuestro ser. Aun cuando puedan ser imperceptibles, están siendo captados por nuestros sentidos y de una u otra forma se van fijando en nuestra memoria con cada acción y con cada momento en el que participamos, seamos conscientes o no de ello. Lo más impresionante es que cada uno de esos instantes van cargados con alguna emoción que luego en el presente y muy probable en el futuro se expresará llevándonos al pasado de un solo golpe, manifestándose en una sonrisa, un profundo suspiro o por algunas lágrimas corriendo por nuestro rostro.

La época de Navidad y Fin de año reúne muchos de esos momentos cargados de emociones, en los que mágicamente son evocados incontables instantes en los que los aromas y las esencias eran los protagonistas. Tanto Luisa como yo (Adriana), dos amantes de las hierbas y las especias, tenemos muy presente lo que han significado las esencias que estas hadas de la cocina han dejando con su rastro por nuestras vidas y en este fin de año les compartiremos un poco de nuestras vivencias.

Adriana

Para mi esta Navidad ha sido muy emotiva, y sin haberlo planificado todo mi ser y mi sentir se movió alrededor de la hallaca y de todo lo que ello puede implicar…Cualquier venezolano en cualquier rincón del mundo podrá compartir conmigo ese sentimiento, porque la hallaca va mucho más allá de la preparación de un platillo en particular.

Una vez que tenía todos los ingredientes frente a mi, la sensación que experimente fue como si entrara en una dimensión desconocida, caí en cuenta de que estaba en mi la gran responsabilidad de tratar de conjugar todo aquello, las carne de res, de cerdo, el pollo, los aliños, las hierbas, las especias y transformarlo en “La hallaca que preparaba mamá”. Sobre todo el hecho de replicar la “sazón de mi madre en el guiso”, que para mi es lo más delicado, es la esencia de los aromas que invaden nuestros hogares y los sabores que llegan a nuestro corazón… Esta es la tercera vez que hago hallacas en mi vida, fuera de mi hogar materno, y fue la primera vez en la que tuve que acudir netamente a mis recuerdos de infancia, a los olores de mi hogar, a las palabras de mi madre que guardo en el corazón. Tuve que cerrar los ojos y saborear con el alma el guiso de dioses que nos mantendrá unidos como familia de por vida.  Me acompañó en la cocina la memoria de mi madre que guardo en todo mi ser, aunque ella actualmente no esté plenamente consciente del mundo que la rodea…Todo eso y mucho más es lo que pueden significar hacer una hallaca para un venezolano y para mi Adriana García estas serán las “las hallacas del recuerdo”, hallacas hechas desde el corazón para despertar por instantes la memoria de mi madre en todos los miembros de nuestra familia…

Luisa

Este año estoy estrenando casa! hice la mudanza en medio del invierno y con mil compromisos y responsabilidades que hicieron, que el 24 de Diciembre llegara, sin haber podido cocinar los platos típicos que mi familia añora y espera por meses.

Sin embargo, para ese día tan especial de la noche buena, me metí en mi nueva cocina (qué emoción tener un lugar más amplio y con una gran ventana) desde la mañana, conjuré a mi mamá para que me acompañara y traté de replicar esos sabores y recetas que atesoro con mucho celo por donde quiera que voy.

Les cuento que preparé Pan de jamón, Pernil (receta de Armando Scannone), Ensalada de Gallina y Torta Negra. Esta última es parte de casi todos mis diciembre y es tan delicada y perfecta, no es empalagosa, no lleva demasiadas frutas, es aromática y elegante, que es mi madre en una receta. Así y de mil maneras, ella nos acompaña y yo me desayuno el 25 de Diciembre con la torta de mi infancia, a miles de Kms de mi casa paterna, con nieve y a -10 grados centígrados.

PD: quiero agradecer especialmente a Maru Aveledo, quién hizo posible el milagro navideño de regalarles a mi padre y mi suegro unos deliciosos panes de jamón y una rosca de ponche crema, naranja y almendras, que hicieron más corta la distancia que nos separa. Maru, eres lo máximo y se las recomiendo con los ojos cerrados.

Feliz 2019 para todos nuestros lectores y amigos!!! Salud y Amor en cantidades industriales y a llenar nuestra vida de aromas y especias…

 

Cilantro pero no tanto entró en el vórtice de la Neurogastronomia

Recientemente en Caracas, un grupo maravilloso de personas tuvimos la dicha de cursar el Diplomado de neurogastronomia aplicada y en él fuimos tocados por la varita mágica del Mago Merlín (Merlín Gessen), por la dulzura, el apoyo y la constancia de Marcus Gessen, la sabiduría y enseñanzas del sifu Pablo Medina García y por el estupendo y arduo trabajo de un equipo de grandes magos que hicieron que ese viaje de conexión con nuestros sentidos valiera la pena.

Durante todo ese recorrido fui (Adriana) “consciente de lo inconsciente”, vi mucho más allá de lo que hasta ahora pensaba que era evidente y lo que no…entre las millones de cosas que aprendí, me di cuenta que las hierbas y las especias han sido siempre esas hadas que hacen posible que un pequeño bocado sea la gloria o sea una tortura para nuestros sentidos, para nuestra alma. Ellas han formado parte de nuestras vidas desde mucho antes de nacer y han sido las responsables de los más bellos y memorables recuerdos de nuestra infancia, de nuestros amores, de nuestros caminos recorridos, de nuestras alegrías y desilusiones, de esos suspiros que nos acercaban a aquellos que teníamos a nuestro alrededor y de todos aquellos recuerdos que quedaron grabados en nuestros cerebros. ¿Sabían que dichos recuerdos podríamos volver a vivirlos y sentirlos cuando entremos de nuevo en contacto con alguna de ellas? Es aquí en dónde puede ocurrir la magia, cuando se lleva a cabo una conexión con nuestros sentidos, nuestros recuerdos y nuestras emociones.

¿Solo imagínense por un momento que abren un frasco de canela y comienzan a percibir su cálido, dulce e intenso aroma? ¿Qué recuerdos vienen a su mente?

¿Qué pasaría si de pronto, en pleno agosto, entran a la casa de un amigo y mientras están escuchando en el fondo unos villancicos, les ofrecen un vaso de ponche crema con hielo y de pronto les llega desde la cocina una cálida mezcla de aromas de guayabita, clavo de olor, canela y nuez moscada? ¿A cuál festividad del año viajaron? ¿A cuál momento de su vida se acaban de transportar?

De todo eso y mucho más se trata la neurogastronomia. Quizás existan un sinfín de definiciones pero podríamos resumirlos en ¡vivir una experiencia! Y por supuesto, las hierbas y las especias han sido y serán siempre nuestras exquisitas cómplices en dichas vivencias.

Como requisito final para culminar el diplomado debíamos presentar un proyecto en donde aplicaríamos la neurogastronomia, y como ya se habrán imaginado Cilantro pero no tanto debía estar presente. Se me ocurrió hacer una degustación íntima con un grupo bellísimo y variado de personas, a las cuales les haríamos un recorrido por diferentes platillos que estaban ligados de una u otra forma con nuestras raíces y nuestros afectos. Para nuestra alegría las especias fueron las primeras en hacerse notar y en ser unas de las protagonistas de la velada. Quisimos que cada uno de los comensales se conectara con algunas de las hierbas y especias que formaban parte de los platillos que posteriormente iban a degustar. Me sorprendió gratamente percibir ciertas emociones en sus rostros, transmitían asombro, curiosidad, alegría y gusto por verlas, olerlas y probarlas. Incluso por descubrir especias que nunca habían visto y probado en sus vidas. ¡Es que me hubiese gustado que vieran el brillo que tenían en sus ojos!

Justo a partir del momento en el que contactaron con las especias comenzaron a ser conscientes de que se les había abierto un portal a este fascinante mundo, por lo tanto su percepción de lo que probarían en cada uno de los platillos ya sería diferente. Y eso era apenas el comienzo de todo el estupendo viaje que les teníamos preparado.

Por supuesto, este viaje estuvo indudablemente acompañado de muchas emociones, nervios, curiosidad, alegría, nostalgia, amor, cercanía, placer, gratitud, solidaridad, amistad, inspiración, apertura, calor humano y lo más grande de todo fue que coincidíamos en el amor por nuestras raíces, por nuestros afectos, por Venezuela…

Esa preciosa, cálida, exquisita y muy sentida tarde pasó de ser un “proyecto de neurogastronomia” a ser una de las experiencias emotivas y gastronómicas más bellas de mi vida, y fíjense que ahora me incluyo en el cuento. Junto a mis cómplices Miguel Quijada y Marielly Herrera, habíamos preparado un pequeño y sencillo evento para unos amigos y terminamos inmersos en ese mar de emociones. Quisimos dar un regalo y terminamos siendo los agasajados.

Este será apenas el inicio de un camino lleno de sorpresas. Ya Cilantro pero no tanto entró en este vórtice de la neurogastronomia, así que prepárense para lo que vendrá.

Las fotos de este post son cortesía de: Marjorie Sayegh, Miguel Quijada y Adriana García.