Cilantro pero no tanto entró en el vórtice de la Neurogastronomia

Recientemente en Caracas, un grupo maravilloso de personas tuvimos la dicha de cursar el Diplomado de neurogastronomia aplicada y en él fuimos tocados por la varita mágica del Mago Merlín (Merlín Gessen), por la dulzura, el apoyo y la constancia de Marcus Gessen, la sabiduría y enseñanzas del sifu Pablo Medina García y por el estupendo y arduo trabajo de un equipo de grandes magos que hicieron que ese viaje de conexión con nuestros sentidos valiera la pena.

Durante todo ese recorrido fui (Adriana) “consciente de lo inconsciente”, vi mucho más allá de lo que hasta ahora pensaba que era evidente y lo que no…entre las millones de cosas que aprendí, me di cuenta que las hierbas y las especias han sido siempre esas hadas que hacen posible que un pequeño bocado sea la gloria o sea una tortura para nuestros sentidos, para nuestra alma. Ellas han formado parte de nuestras vidas desde mucho antes de nacer y han sido las responsables de los más bellos y memorables recuerdos de nuestra infancia, de nuestros amores, de nuestros caminos recorridos, de nuestras alegrías y desilusiones, de esos suspiros que nos acercaban a aquellos que teníamos a nuestro alrededor y de todos aquellos recuerdos que quedaron grabados en nuestros cerebros. ¿Sabían que dichos recuerdos podríamos volver a vivirlos y sentirlos cuando entremos de nuevo en contacto con alguna de ellas? Es aquí en dónde puede ocurrir la magia, cuando se lleva a cabo una conexión con nuestros sentidos, nuestros recuerdos y nuestras emociones.

¿Solo imagínense por un momento que abren un frasco de canela y comienzan a percibir su cálido, dulce e intenso aroma? ¿Qué recuerdos vienen a su mente?

¿Qué pasaría si de pronto, en pleno agosto, entran a la casa de un amigo y mientras están escuchando en el fondo unos villancicos, les ofrecen un vaso de ponche crema con hielo y de pronto les llega desde la cocina una cálida mezcla de aromas de guayabita, clavo de olor, canela y nuez moscada? ¿A cuál festividad del año viajaron? ¿A cuál momento de su vida se acaban de transportar?

De todo eso y mucho más se trata la neurogastronomia. Quizás existan un sinfín de definiciones pero podríamos resumirlos en ¡vivir una experiencia! Y por supuesto, las hierbas y las especias han sido y serán siempre nuestras exquisitas cómplices en dichas vivencias.

Como requisito final para culminar el diplomado debíamos presentar un proyecto en donde aplicaríamos la neurogastronomia, y como ya se habrán imaginado Cilantro pero no tanto debía estar presente. Se me ocurrió hacer una degustación íntima con un grupo bellísimo y variado de personas, a las cuales les haríamos un recorrido por diferentes platillos que estaban ligados de una u otra forma con nuestras raíces y nuestros afectos. Para nuestra alegría las especias fueron las primeras en hacerse notar y en ser unas de las protagonistas de la velada. Quisimos que cada uno de los comensales se conectara con algunas de las hierbas y especias que formaban parte de los platillos que posteriormente iban a degustar. Me sorprendió gratamente percibir ciertas emociones en sus rostros, transmitían asombro, curiosidad, alegría y gusto por verlas, olerlas y probarlas. Incluso por descubrir especias que nunca habían visto y probado en sus vidas. ¡Es que me hubiese gustado que vieran el brillo que tenían en sus ojos!

Justo a partir del momento en el que contactaron con las especias comenzaron a ser conscientes de que se les había abierto un portal a este fascinante mundo, por lo tanto su percepción de lo que probarían en cada uno de los platillos ya sería diferente. Y eso era apenas el comienzo de todo el estupendo viaje que les teníamos preparado.

Por supuesto, este viaje estuvo indudablemente acompañado de muchas emociones, nervios, curiosidad, alegría, nostalgia, amor, cercanía, placer, gratitud, solidaridad, amistad, inspiración, apertura, calor humano y lo más grande de todo fue que coincidíamos en el amor por nuestras raíces, por nuestros afectos, por Venezuela…

Esa preciosa, cálida, exquisita y muy sentida tarde pasó de ser un “proyecto de neurogastronomia” a ser una de las experiencias emotivas y gastronómicas más bellas de mi vida, y fíjense que ahora me incluyo en el cuento. Junto a mis cómplices Miguel Quijada y Marielly Herrera, habíamos preparado un pequeño y sencillo evento para unos amigos y terminamos inmersos en ese mar de emociones. Quisimos dar un regalo y terminamos siendo los agasajados.

Este será apenas el inicio de un camino lleno de sorpresas. Ya Cilantro pero no tanto entró en este vórtice de la neurogastronomia, así que prepárense para lo que vendrá.

Las fotos de este post son cortesía de: Marjorie Sayegh, Miguel Quijada y Adriana García.